EL SANTO CERRO, República Dominicana — Con el misticismo que envuelve la cumbre que domina el valle de La Vega Real, el Santuario Nacional Nuestra Señora de las Mercedes se convirtió este jueves en el epicentro de la fe dominicana. Cientos de peregrinos de todas las regiones del país acudieron al templo para participar en la liturgia central del Día de las Mercedes, encabezada por monseñor Héctor Rafael Rodríguez, obispo eclesial de la zona, y por la vicepresidenta de la República, Raquel Peña.
La ceremonia transcurrió entre oraciones, expresiones de veneración y un marcado acento en la realidad contemporánea. En sus declaraciones, la vicepresidenta Peña resaltó que las situaciones complejas son el marco en el que la sociedad suele aferrarse con mayor firmeza a sus creencias. Al ser consultada sobre la inquietud que generan los hechos delictivos registrados en las últimas semanas, la funcionaria transmitió su pésame a los deudos de las víctimas y abogó por un compromiso ético ciudadano orientado a la pacificación comunitaria.
Las festividades religiosas, que dieron inicio desde las primeras horas de la mañana, incluyeron cánticos, eucaristías consecutivas y la esperada procesión vespertina con la efigie de la Virgen por los senderos del cerro. El evento transformó además la fisonomía del poblado, atrayendo a vendedores ambulantes que ofrecían a la masa de visitantes desde alimentos y sombreros para el sol hasta objetos de culto litúrgico.
El valor patrimonial del Santo Cerro está ligado a las primeras etapas del contacto europeo en América. El sitio conserva la memoria histórica de la cruz erigida por Cristóbal Colón en 1495 con madera de níspero y el relato de la aparición mariana en medio del conflicto hispano-taíno. El complejo actual, cuya construcción se inició a finales del siglo XIX bajo el impulso de la Orden de la Merced, custodia tanto una réplica del símbolo de madera como un ejemplar botánico considerado heredero directo del árbol primigenio.
El fenómeno de la peregrinación del 24 de septiembre representa asimismo un espacio de afirmación de la identidad cultural dominicana, donde se entrelazan la religión formal, el sincretismo popular y las dinámicas de la economía campesina. Para los habitantes de la cordillera Central, la llegada masiva de feligreses constituye un alivio económico estacional y una oportunidad para reivindicar la vigencia de las tradiciones rurales frente a la creciente urbanización del país.
Por otro lado, la constante concurrencia de delegaciones del Poder Ejecutivo y autoridades provinciales consolida al Santo Cerro como un espacio de visibilidad institucional. En un país donde la Iglesia católica mantiene un peso simbólico relevante en la esfera cívica, la misa de las Mercedes continúa funcionando como una plataforma donde la fe privada se traduce en un pronunciamiento público sobre la justicia, la seguridad de las familias y la cohesión de la República.

