La tragedia de Crisleidy en La Isleta

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Crisleydi Rosario

En La Isleta, la trágica muerte de Crisleidy Rosario a manos de su expareja Junior Rodríguez resalta la urgente necesidad de reforzar la protección contra la violencia de género en República Dominicana.

Por Valentina Garcia

En la aldea polvorienta de La Isleta, una sombra se extendió sobre el pueblo este sábado, cuando el eco de un grito silencioso se escuchó en cada rincón del municipio de Moca. Crisleidy Rosario, una joven de apenas 19 años, vio truncada su vida por la hoja de un arma blanca empuñada por quien en algún momento prometió amor eterno. La historia, tan antigua como el dolor mismo, se desdobló en la pequeña comunidad, dejando un rastro de lágrimas y preguntas sin respuesta.

El presunto perpetrador, Junior Roberandy Rodríguez, un joven de 20 años, caminó hacia la estación de policía con los pasos lentos y el corazón desbordado de remordimiento. Juan Compres, líder de los Peregrinos de Moca, lo acompañaba como un ángel caído, guiando a un alma atormentada hacia la justicia.

“Fue en un momento de desesperación,” murmuró Junior, sus palabras arrastrándose como sombras en la luz del día, mientras los periodistas buscaban en su mirada algún atisbo de humanidad perdida. Crisleidy había accedido a reunirse con él, quizás con la esperanza de un adiós pacífico, pero la negativa a reavivar la llama de un amor extinto desató la tragedia.

La madre de Junior, con la voz quebrada y el alma desgarrada, trató de explicar lo inexplicable. “Ella no quería estar con él. Lo dejó y se fue con otro. Él quería retenerla, pero eso no justifica lo que hizo,” dijo entre lágrimas, su rostro oculto en el anonimato del dolor.

Este dolor no es aislado. En la República Dominicana, el año 2024 ya ha sido testigo de más de 24 feminicidios, cifras que gritan la urgencia de políticas más robustas para la protección y prevención de la violencia de género. La sangre de Crisleidy, derramada en el suelo de La Isleta, clama por justicia y acción, recordándonos que cada vida arrebatada deja un vacío que nunca será llenado.

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