JUNUMUCÚ, La Vega. — En la casa de Danilda Sánchez hay una ausencia que el paso del tiempo no ha conseguido aliviar: la de su hijo Ernis David De la Cruz Sánchez, muerto a tiros el 23 de diciembre, a los 26 años.
Han transcurrido diez meses y, según denuncia la familia, todavía no hay respuestas suficientes sobre las circunstancias de su muerte ni información que les permita conocer quiénes fueron los responsables.
Ernis vivía en Junumucú, comunidad del distrito de Rincón, en La Vega. Trabajaba en una compañía de venta de puertas y ventanas y era el segundo de tres hermanos. Sus parientes lo recuerdan como un joven trabajador, alegre y de trato tranquilo. Dejó, además, una hija de seis años.
La versión que Danilda reconstruye a partir de las imágenes de seguridad es la de un ataque repentino. Dos individuos que se desplazaban en una motocicleta se acercaron a su hijo y le dispararon, según su relato. Después, se marcharon con el motor que él conducía.
Pero hay detalles que, para la madre, no encajan con la hipótesis de un atraco. Afirma que su hijo conservaba la cartera y las prendas cuando las autoridades levantaron el cadáver. El teléfono celular, añade, estaba en poder de una joven identificada como Arisleida, quien había salido con él aquella noche.
Según cuenta Danilda, ambos habían estado compartiendo con otras personas y Ernis salió a acompañarla hasta su residencia. La madre afirma que otras personas se habían ofrecido a llevarla, pero que ella insistió en que fuera su hijo.
A partir de entonces, las preguntas se han acumulado sin que, según la familia, llegue una explicación satisfactoria.
Danilda cuestiona la actuación del Departamento de Investigaciones Criminales (Dicrim) y denuncia presuntas irregularidades en el manejo del expediente. Entre ellas, menciona un número de matrícula incorrecto en la denuncia y las dificultades que encontró cuando intentó corregirlo.
“Cuando fui a la Fiscalía para que me arreglaran la denuncia, para que colocaran bien la matrícula, y volví al Dicrim, allá ni siquiera aparecía la numeración del expediente de la denuncia”, relató.
La madre también reclama que se examinen todas las circunstancias relacionadas con la joven que acompañaba a su hijo. Asegura que las grabaciones muestran a Arisleida junto al cuerpo y que luego se aleja para dar la voz de alerta. A su entender, esas imágenes plantean preguntas que deben investigarse.
Sus señalamientos, sin embargo, no prueban que la joven tenga responsabilidad en el hecho. La familia pide que las autoridades profundicen en la investigación y expliquen qué actuaciones se han realizado hasta ahora.
El reclamo se ha trasladado a las calles mediante pancartas con la fotografía de Ernis y frases que buscan mantener viva la exigencia de justicia: “No falleció, lo mataron. No hubo pelea, lo emboscaron. No fue una desgracia, fue un crimen”.
Para Danilda, la pérdida no se limita al recuerdo de la noche en que murió su hijo. También está en la rutina de una casa donde ya no espera escucharlo llegar.
“Para mí, como madre, es traumático, doloroso, estar en la casa y saber que él no va a llegar”, expresó entre lágrimas. “Quienes lo mataron andan gozando su vida y mi hijo allí en una tumba”.
La madre siente que su familia ha quedado relegada y lamenta que, a su juicio, el acceso a la justicia dependa de los recursos económicos.
Diez meses después, el reclamo sigue abierto para los familiares de Ernis: esclarecer las circunstancias de su muerte, identificar a quienes participaron en el ataque y lograr que respondan ante la ley.
En Junumucú, sus allegados continúan pidiendo que el caso no quede en el olvido y que la muerte del joven encuentre, finalmente, una respuesta judicial.

