Por La Confidente
En la política criolla, los aplausos en los salones de la Capital sirven para la foto, pero los votos verdaderos se buscan fajao en el barro cibaeño. Y Carolina Mejía parece saberse el libreto de memoria. A lo callao, pero con pisada pesada, la precandidata oficialista le metió el acelerador a la zona Norte y reconfiguró el mapa del poder en la cancha del PRM.
El zarpazo con más veneno de pasillo vino desde Moca: la entrada formal de Eligio Jáquez a su escudería. ¡Santamaría! No hablamos de un militante de fotos en redes; hablamos del histórico armador de Hipólito Mejía, un zorro viejo que conoce cada callejón, cada dirigente y cada maña del terreno. Su incorporación tiene un objetivo quirúrgico: reunificar a la dura guardia vieja del veterano PRD con los nuevos cuadros del partido de gobierno.
Pero el dominó en el Cibao sigue corriendo con fuerza:
- El timón institucional: Ricardo de los Santos, dueño del patio en Sánchez Ramírez y presidente del Senado, asume como jefe de campaña. Un movimiento con todo el peso del poder parlamentario detrás.
- El peso pesado: Jesús «Chú» Vásquez, figura de peso en María Trinidad Sánchez y exsecretario general, dio el paso al frente y estampó su firma en la libreta de apoyo.
- El milagro en la Línea: En Montecristi se dio la verdadera sorpresa de pasillo. Moreno Arias y el actual senador Bernardo Alemán, que llevaban meses disputándose el control territorial a tirarse los cajones, congelaron el pleito local para sonreír en la misma foto de respaldo.
En la política nuestra hay una máxima irrefutable: la espuma mediática no llena urnas, las ganan los caciques con parcela. Mientras otros se entretienen contando ‘likes’, en el Cibao la maquinaria de Carolina ya amarró a los que de verdad mueven la masa. El motor Norte prendió, anda con aceite pesado y lo que viene no es comida de trompo.

