República Dominicana amaneció este jueves con una noticia que sacudió el mundo artístico y cultural del país: Alex Bueno, el hombre que convirtió su voz en hogar para millones de dominicanos, ha muerto.
La noticia fue confirmada a través de la cuenta oficial de Instagram del artista. «Con nuestro más hondo pesar y el más alto respeto, informamos el sensible fallecimiento de nuestro querido Alex Bueno, este 18 de junio en la ciudad de New York, a las 9:43 de la mañana».
La batalla comenzó en septiembre de 2025, cuando Bueno viajó a Estados Unidos y fue diagnosticado con un tumor cerebral. La cirugía de extirpación resultó exitosa, pero el camino se complicó al detectarse células cancerígenas en la lesión y, más adelante, en otras áreas de su organismo. Fiel a su carácter reservado, el artista eligió transitar esa etapa en privado. Hace apenas tres semanas, una caída brusca en sus niveles de sodio y presión arterial marcó el inicio del deterioro final.
Familiares y allegados expresaron que su partida deja un vacío irreparable, tanto en el mundo del arte como en quienes tuvieron la oportunidad de conocerle y admirar su obra musical.
Asimismo, agradecieron las múltiples muestras de solidaridad y afecto recibidas en este momento de dolor, al tiempo que solicitaron respeto a la privacidad de sus seres queridos mientras atraviesan el proceso de duelo.
Se informó que en los próximos días serán ofrecidos los detalles relacionados con las honras fúnebres.
Alex Bueno es recordado por su legado artístico, el cual permanecerá en la memoria colectiva de sus seguidores y en la historia de la música dominicana.
Cuatro décadas de carrera no alcanzan para contener todo lo que Alex Bueno le dio a la música dominicana. El Jardín Prohibido, Que Vuelva, Ese Hombre Soy Yo: canciones que no envejecen porque están cosidas a momentos que la gente no olvida. Su versatilidad para moverse entre el merengue, la bachata, el bolero y la balada lo convirtió en algo poco común: un artista que le cantaba a todos y al que todos sentían propio.
Hoy, «El Mayimbito» hace silencio. Y ese silencio pesa.

