Santo Domingo.- Hasta sus más acérrimos adversarios le reconocen a Danilo Medina ser una hormiguita trabajando la política y un fino estratega que conoce al dedillo el mercado electoral dominicano, pero ahora afronta un reto particularmente complejo: reconstruir al Partido de la Liberación Dominicana (PLD) sin que su propio protagonismo termine eclipsando a quien resulte candidato presidencial para las elecciones de 2028.
Esa batalla tiene como objetivo inmediato detener el decrecimiento del PLD y evitar que Fuerza del Pueblo termine absorbiendo una parte importante de la estructura política que durante décadas convirtió al partido morado en la principal fuerza electoral del país.
Medina ha asumido esa misión de manera personal, a tal punto que ha decidido salir cada fin de semana a encabezar actividades proselitistas de su organización para juramentar nuevos militantes o darles la bienvenida a hijos pródigos que regresan a su antigua casa.
Sus movimientos recientes, dirigidos a recuperar dirigentes, cuadros medios y militantes que se habían alejado de la organización, muestran un esfuerzo por reconstruir desde abajo una estructura que sufrió dos golpes consecutivos: la salida del poder en 2020 y la caída al tercer lugar electoral en 2024.
La apuesta es volver a colocar al PLD en condiciones de disputar con Fuerza del Pueblo cuál organización encabezará la oposición frente al gobernante Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Medina había advertido antes de las elecciones de 2024 que el PLD se jugaba su propia supervivencia, y los resultados confirmaron la magnitud del problema.
Después de haber gobernado República Dominicana durante 16 años consecutivos y controlado una poderosa estructura nacional, el PLD terminó relegado al tercer lugar, mientras Fuerza del Pueblo, encabezada por Leonel Fernández, se consolidaba como segunda fuerza política.
El deterioro resulta todavía más significativo cuando se observa desde dónde partió el partido.
En las elecciones de 2016, Danilo Medina fue reelegido con más del 61 % de los votos. Cuatro años después, el candidato presidencial peledeísta, Gonzalo Castillo, obtuvo alrededor del 37 %. En 2024, Abel Martínez quedó por debajo del 11 %.
En apenas dos ciclos electorales, el PLD pasó de dominar ampliamente el escenario político a luchar por conservar su condición de organización con posibilidades reales de regresar al poder.
Es precisamente esa trayectoria descendente la que Medina intenta revertir.
La batalla tiene, además, una dimensión política inevitablemente vinculada a Leonel Fernández. Durante décadas, Fernández y Medina fueron las dos grandes figuras alrededor de las cuales gravitaron las principales corrientes internas del PLD e incluso funcionaban como un equipo en el que uno era la figura y el otro, el articulador.
Ese esquema se mantuvo hasta 2012, cuando Danilo Medina ganó las elecciones presidenciales con un impedimento constitucional para repostularse en 2016, por lo que Leonel Fernández se daba como seguro candidato. Los dos empezaron a romper sábanas cuando Medina propició una reforma constitucional que le permitió repostularse en 2016, cerrándole así la puerta a Fernández.
Pero la ruptura definitiva se produjo en 2019, cuando Gonzalo Castillo derrotó a Fernández en una primaria interna contando con el apoyo de Medina, lo que provocó que el expresidente abandonara el PLD.
Fernández abandonó el PLD después del conflictivo proceso de primarias de ese año y posteriormente convirtió a Fuerza del Pueblo en el vehículo para reconstruir su proyecto presidencial.
Medina permaneció en el PLD y posteriormente pasó a presidir la organización.
Desde entonces, ambos partidos compiten por una franja política que durante muchos años convivió dentro de una misma estructura.
Una parte considerable de los dirigentes que hoy acompañan a Fernández proviene precisamente del PLD.
Por eso, cada peledeísta que abandona la organización para integrarse a Fuerza del Pueblo fortalece al principal competidor del PLD dentro de la oposición con recursos humanos, estructuras y liderazgos que originalmente pertenecieron al propio partido morado.
Detener ese proceso constituye una condición necesaria para cualquier recuperación peledeísta.
Una batalla personal
Después de la salida de Fernández del partido en 2019, Medina se convirtió en la figura dominante de la organización y posteriormente asumió formalmente su presidencia.
Pero la división tuvo un costo extraordinariamente elevado.
El partido que permaneció bajo el liderazgo de Medina perdió las elecciones de 2020 y cayó al tercer lugar en 2024, mientras la organización encabezada por Fernández avanzó hasta convertirse en la principal fuerza opositora.
Para Medina, por tanto, detener el deterioro del PLD tiene también el significado de demostrar que la organización puede sobrevivir, renovarse y volver a competir por el poder después de la salida de Fernández.
La estrategia que comienza a observarse apunta precisamente hacia la recuperación de la estructura. Medina ha intensificado su presencia política y el contacto con dirigentes, militantes y antiguos miembros que se habían apartado de la actividad partidaria.
El PLD necesita a Danilo, pero también necesita aprender a competir electoralmente sin Danilo. El expresidente continúa siendo su figura de mayor reconocimiento nacional; sin embargo, la Constitución le impide aspirar nuevamente a la Presidencia de la República.
La pelea por el segundo lugar
El primer objetivo estratégico del PLD probablemente no sea todavía desplazar al PRM.
Antes debe recuperar el liderazgo de la oposición. Las elecciones de 2024 establecieron una nueva correlación política: el PRM quedó como fuerza dominante, Fuerza del Pueblo ocupó el segundo lugar y el PLD descendió al tercero.
Para alterar ese escenario, el PLD necesita crecer más rápido que Fuerza del Pueblo.
Ahí reside buena parte de la importancia de los movimientos de Medina.
Si consigue detener las deserciones, recuperar antiguos dirigentes y movilizar nuevamente estructuras que permanecen inactivas, puede comenzar a reducir la distancia.
Hay una sola expresión que mantuve deliberadamente: “empezaron a romper sábanas”. Es coloquial y muy dominicana; gramaticalmente no plantea problemas y le aporta personalidad al análisis. Si se busca un registro más formal, podría sustituirse por “comenzaron a distanciarse políticamente”, aunque creo que perdería fuerza.

