SANTIAGO OESTE — Bastó una hora de tormenta sobre la parte occidental de Santiago para que la noche de este miércoles el agua nocturna transformara la rutina de Monte Rico Primero en un escenario insalubre.
Cuando el aguacero cedió, las calles habían quedado invisibilizadas bajo un torrente turbio que no tardó en cruzar los umbrales de las casas, arrastrando consigo la certeza de un peligro silencioso para las familias de la zona.
En la calle tres, el agua de lluvia perdió su neutralidad al fusionarse con el colapso del alcantarillado sanitario. La mezcla de aguas servidas e inundación doméstica no solo destruyó ajuares, sino que sembró la zozobra por las consecuencias bacteriológicas que el estancamiento suele traer consigo en entornos urbanos densamente poblados.
Para dirigentes locales como Domingo Confesor Genao, esta escena no representa una sorpresa climática, sino el síntoma de una desatención prolongada.
Tras años de gestiones formales y reclamos infructuosos, los comunitarios enfrentan cada temporada de lluvias con la convicción de que el mayor obstáculo no es la fuerza de la naturaleza, sino la falta de respuesta de las autoridades competentes.

