CONSTANZA, República Dominicana — Lejos de las playas de arena blanca que definen el turismo dominicano, a más de mil metros sobre el nivel del mar, el atractivo de este fin de semana no era el océano, sino el humo que se elevaba de 19 paelleras burbujeantes.
El Restaurante Moncarlo se convirtió en el epicentro de la cuarta edición del «Reto de la Paella», una iniciativa concebida por el empresario local Carlos Matías Quesada, conocido como “Carlucho”. Su objetivo es claro: utilizar la rica herencia cultural de Constanza como un imán para un turismo diferente, uno basado en la comunidad, la agricultura y el encuentro familiar.
El evento de este año probó que la fórmula funciona. Entre el tintineo de las espumaderas y la música en vivo, se mezclaron residentes de Constanza con visitantes llegados desde Santo Domingo, Jarabacoa, Nagua e incluso del extranjero. La convocatoria reunió a empresarios, figuras del deporte y autoridades locales, incluido el alcalde Francisco Antonio Marte Hernández, borrando las líneas entre un concurso culinario y una cumbre social.
La competencia se dividió en dos modalidades clásicas: la Valenciana y la Marinera. Los ganadores —José Miguel Berlanga y Ronald Sánchez, respectivamente— se llevaron a casa no solo premios de hasta 35.000 pesos, sino el prestigio de haber dominado el fuego frente a una multitud expectante.
Cuando la tarde caía, una densa lluvia de montaña cubrió el valle. En lugar de huir, el público se refugió para escuchar el veredicto del jurado (integrado por expertos como Miguel Rodríguez y Natacha Roselló) y celebrar a los ganadores. Fue una postal perfecta de la visión de Constanza: un destino donde el calor humano y las tradiciones compartidas pesan más que el clima.

