Por John Santos
LA VEGA, República Dominicana — En el corazón de la República Dominicana, donde la Autopista Duarte serpentea como el sistema circulatorio del comercio y la cultura nacional, el Gobierno ha iniciado una carrera contra el reloj y la estadística. Con la llegada de las festividades navideñas, una época marcada tanto por el júbilo del reencuentro como por la sombra de la siniestralidad vial, el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) ha entregado una serie de intervenciones críticas que buscan transformar la experiencia de viaje en la isla.
La pieza central de esta estrategia es el nuevo retorno operacional en el kilómetro 110, ubicado en las proximidades de El Pino, en la provincia de La Vega. Este punto, que históricamente ha representado un desafío para la fluidez vehicular, se complementa ahora con la ampliación a seis carriles del reconstruido puente de Río Verde. No se trata simplemente de asfalto y hormigón; es una respuesta de ingeniería a un problema de seguridad pública que se agudiza cada diciembre.
La trascendencia de estas intervenciones trasciende el alivio estacional, posicionándose como un pilar para la competitividad del Cibao. Al optimizar el tránsito de carga pesada que transporta los productos agrícolas desde el fértil valle hasta los centros de distribución urbana, el Estado no solo ahorra minutos en el cronómetro de los viajeros, sino que inyecta dinamismo a una cadena de suministro que sostiene el pulso económico de la nación.
El despliegue de infraestructura no se detendrá en el Cibao. El MOPC confirmó que, en los próximos días, entrará en funcionamiento otro retorno estratégico en el kilómetro 25 de la misma autopista, ocupando el espacio que anteriormente albergaba un peaje. Esta medida busca eliminar los cuellos de botella que suelen asfixiar la salida de Santo Domingo hacia el norte del país.
Este giro hacia una ingeniería proactiva marca un alejamiento de la política de parches que caracterizó a las gestiones viales del pasado. Al integrar retornos diseñados técnicamente para eliminar los giros improvisados y peligrosos, se intenta revertir una cultura de riesgo arraigada, transformando la Autopista Duarte en un corredor moderno que prioriza la integridad del ciudadano sobre la simple urgencia del desplazamiento.
Desde una perspectiva institucional, estas ejecuciones son el reflejo de un plan de modernización más amplio. Al elevar los estándares de seguridad vial, las autoridades no solo apuestan por la eficiencia, sino por la preservación de la vida en una de las rutas más transitadas del Caribe. En estas Navidades, el éxito de la gestión pública se medirá, más que nunca, por el silencio de las sirenas y la fluidez del regreso a casa.

