Por John Santos
El pasado 25 de diciembre, cuando gran parte del país celebraba la Navidad, una explosión inesperada alteró la rutina de miles de familias en el norte de la República Dominicana. Una tubería con fallos estructurales del acueducto Cibao Central colapsó en el municipio de Sabana Iglesias, interrumpiendo el suministro de agua potable a más de 800,000 personas en Santiago y Moca.
Desde entonces, la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santiago (Coraasan) y el Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa) han desplegado equipos técnicos que trabajan sin pausa para corregir la avería. Según informaron ambas instituciones, la colocación de una nueva pieza comenzó el sábado en la mañana y se extendió durante la madrugada del domingo, marcando el inicio de la fase final de la reparación.
En el terreno, ingenieros y obreros avanzan en los procesos de atornillaje y soldadura de la estructura instalada, pasos previos a la colocación de una capa de hormigón armado que garantizará la estabilidad y durabilidad del sistema hidráulico. Las autoridades aseguran que estas labores son esenciales para evitar futuras fallas en una infraestructura clave para la región.
La explosión provocó daños considerables en al menos cuatro viviendas cercanas, aunque no se reportaron personas heridas. Como respuesta inmediata, brigadas técnicas han mantenido operaciones continuas, mientras otras instituciones del Estado, incluida la Gobernación Provincial, han entregado enseres del hogar a las familias afectadas.
Para mitigar el impacto de la interrupción del servicio, Coraasan activó un plan de distribución gratuita de agua potable, apoyado por una flotilla de más de 35 camiones cisterna. En una región donde el agua es vital para la vida cotidiana y la actividad económica, cada hora cuenta.

