Hay reacciones que dicen más que un discurso. Y la de Jaime David Fernández Mirabal, frente a la juramentación de dirigentes que dejaron el PLD para pasar a la Fuerza del Pueblo, cayó como una piedra en agua mansa. No es común verlo salir del tono reposado que lo ha acompañado por años. Por eso el gesto llamó tanto la atención.
Jaime David no es un improvisado ni un hombre dado a pataletas. Si levantó la voz, es porque algo le tocó la fibra. Y en política, cuando un dirigente de su peso se sale del libreto, casi siempre hay un mensaje debajo del mensaje.
Leonel Fernández fue a Tenares, tierra de Jaime David, y no fue a pasear. Allí encabezó una juramentación que, según lo visto, tuvo cuerpo, calle y músculo político. Cientos de asistentes, organización cuidada y una señal clara: la Fuerza del Pueblo sigue pescando en río revuelto y en aguas del viejo PLD.
¿Fue eso lo que encendió a Jaime David? Pudiera ser. Porque una cosa es ver salir dirigentes, y otra muy distinta es ver cómo se monta, en tu propio patio, una demostración de fuerza con aroma a reposicionamiento nacional. Ahí es donde el asunto empieza a picar.
Las críticas del exvicepresidente de Leonel no parecieron un simple desahogo. Sonaron a molestia acumulada, a reclamo de fondo, a ese tipo de mensaje que en política no se lanza por gusto. En buen dominicano: ahí había más que una vaina personal.
Lo cierto es que la FP está jugando con ventaja en el terreno de las adhesiones, mientras el PLD sigue pagando el costo de sus deserciones. Y cuando un liderazgo como el de Jaime David se altera, conviene mirar dos veces. Porque en la política dominicana, lo que parece un arrebato casi siempre tiene cola larga.
Al final, la pregunta no es solo qué le pasó a Jaime David. La pregunta es qué vio él en Tenares que otros prefirieron aplaudir en silencio. Y en estos movimientos, ya se sabe, lo visible rara vez es toda la historia.

