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jueves, febrero 12, 2026
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Cuando la hostilidad invade el trabajo: una violencia silenciosa que enferma

El acoso psicológico en el trabajo no solo vulnera la dignidad humana, sino que impacta la salud física y mental, deteriora el clima institucional y constituye una violación de derechos respaldada por la ley dominicana.

Por Wanda Román

El trabajo debería ser un espacio de crecimiento, estabilidad y dignidad. Sin embargo, para miles de personas se ha convertido en un escenario de tensión constante, silencios impuestos y maltratos normalizados. La hostilidad laboral avanza de manera silenciosa, dejando huellas profundas en la salud mental, el bienestar físico y la convivencia dentro de las organizaciones.

Esta hostilidad suele manifestarse a través del acoso laboral o mobbing, una forma de violencia psicológica reiterada orientada a aislar, desvalorizar o intimidar a una persona en su entorno profesional. No se trata de conflictos aislados ni de simples diferencias de carácter, sino de conductas persistentes que erosionan progresivamente la autoestima, el desempeño y la estabilidad emocional de quien las padece.

La psiquiatra francesa Marie-France Hirigoyen advierte que la violencia psicológica sostenida puede destruir la identidad personal y la capacidad de resistencia emocional, llegando en casos extremos a lo que denomina un “asesinato psíquico”. La víctima no solo sufre; termina atrapada en el silencio, el miedo y la culpa.

Las consecuencias de estos entornos hostiles no se limitan al ámbito emocional. Estudios recientes evidencian que el estrés laboral crónico tiene efectos directos en la salud física. En una investigación realizada con servidores públicos dominicanos, en la que participé como investigadora, se constató una relación significativa entre el acoso psicológico prolongado y la aparición de síntomas como dolor abdominal, distensión y alteraciones intestinales, característicos del síndrome de intestino irritable. El cuerpo termina expresando lo que muchas veces no puede decirse con palabras.

Este impacto se explica por la activación constante de mecanismos fisiológicos asociados al estrés, como el aumento sostenido del cortisol, que afecta múltiples sistemas del organismo. De este modo, la hostilidad laboral deja de ser un problema individual para convertirse en un asunto de salud pública y organizacional.

En el plano institucional, los efectos también son notorios. La hostilidad disminuye la motivación, incrementa el ausentismo, deteriora el clima laboral y afecta la productividad. Cuando el maltrato se normaliza y no existen canales seguros de denuncia, se perpetúan dinámicas de abuso que terminan perjudicando tanto a las personas como a las organizaciones.

Este escenario se vincula estrechamente con el síndrome de burnout o desgaste profesional, una respuesta al estrés laboral prolongado caracterizada por agotamiento emocional, despersonalización y pérdida del sentido de realización. El trabajador se siente exhausto, desmotivado y desconectado de su labor, lo que repercute directamente en la calidad del desempeño y en su salud integral.

Uno de los principales obstáculos para enfrentar el acoso laboral es su carácter sutil. Muchas conductas hostiles no son abiertamente agresivas: se manifiestan mediante la exclusión, la descalificación indirecta, la sobrecarga injustificada o la invisibilización del trabajador. Al no dejar marcas visibles, suelen minimizarse o justificarse, lo que facilita su repetición y prolongación en el tiempo.

El respaldo legal en la República Dominicana

En el país, la hostilidad laboral no solo constituye un problema ético, sino también una vulneración de derechos fundamentales. El Código de Trabajo establece la obligación del empleador de garantizar condiciones que respeten la dignidad humana y prohíbe todo acto que atente contra la integridad moral del trabajador. Asimismo, reconoce como causa justificada de dimisión los actos de violencia, injuria o malos tratos, lo que ofrece respaldo legal a quienes enfrentan situaciones persistentes de hostilidad.

La Ley de Seguridad Social refuerza esta protección al reconocer la relación directa entre condiciones laborales inadecuadas y el deterioro de la salud física y mental.

Frente a esta realidad, resulta impostergable actuar en distintos niveles. En el plano individual, es fundamental documentar las conductas hostiles y buscar apoyo psicológico y asesoría legal. En el ámbito institucional, se requieren protocolos claros de prevención, atención y sanción del acoso laboral. Y en el sistema laboral en su conjunto, es imprescindible garantizar la aplicación efectiva de la normativa vigente.

La violencia psicológica en el trabajo no desaparece con el silencio; se fortalece. Defender un ambiente laboral sano no es confrontar, es ejercer un derecho. El trabajo debe ser, nuevamente, un espacio de desarrollo, respeto y dignidad, nunca una fuente de sufrimiento silencioso.

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