Santiago se prepara contra el embate de la temporada ciclónica: un plan de contingencia en manos del destino

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En Santiago, los ecos del viento y la lluvia se vuelven preocupación constante. Con más de 16 mil familias vulnerables en zonas de riesgo, la Defensa Civil y otros organismos se unen para enfrentar la temporada ciclónica.

Por Valentina García Márquez

Santiago, República Dominicana – En un encuentro matutino lleno de expectativas y preocupaciones, los representantes del Comité de Prevención, Mitigación y Respuesta de Santiago desplegaron su ambicioso plan de contingencia para la temida y voraz temporada ciclónica del 2023, que se desplegó el pasado 1 de este mes y se extenderá, acechante, hasta el fatídico 30 de noviembre.

En ese acto solemne, presidido por el director de la Defensa Civil en Santiago, el infatigable Francisco Arias, se hizo hincapié en la importancia de contar con suficientes albergues para acoger a aquellos desafortunados que podrían verse arrastrados por la furia desbocada de los elementos naturales.

Escuelas convertidas en refugios, instalaciones deportivas listas para abrazar a los desamparados y centros comunales dispuestos a abrir sus puertas de par en par, conforman el abrazo protector de la ciudad.

Pero la voz de mando no se agota en el director Arias. La gobernadora provincial, la intrépida Rosa Santos, enérgica y previsora como una reina de ajedrez, instó a los alcaldes de los municipios y a los directores de los distritos municipales a tener listos sus planes de contingencia.

El Comité de Prevención, Mitigación y Respuesta de Santiago se levanta como un sólido bastión frente a las embestidas despiadadas de los elementos. La Defensa Civil, la Gobernación, Edenorte, Coraasan, la Policía Nacional, el Ejército, la Cruz Roja y los valientes Bomberos se unen como hermanos de armas, dispuestos a desafiar a la furia desatada de la naturaleza.

Sin embargo, la mirada se nubla y el corazón se encoge al conocer que cerca de 16 mil familias, en su desesperada cotidianidad, residen en los 52 lugares identificados por la Defensa Civil como zonas vulnerables. Estos hogares, frágiles y a merced de los caprichos atmosféricos, se encuentran en terrenos propensos a inundaciones y a los peligrosos deslizamientos de tierra que se esconden al acecho de arroyos, ríos y cañadas.

Las palabras del director Arias son como ráfagas de viento helado, susurros cargados de inquietud. Señala los puntos más críticos, esos oscuros rincones donde la vida pende de un hilo. Las cañadas del Diablo y Burgos, el Hoyo de Bartola, El Fracatán, Gurabito, el barrio Los Santos, La Javilla y Los Ciruelitos son solo algunas de las sombrías locaciones que encierran el temor latente, esperando el fatídico desenlace de un acto de la naturaleza.

Arias declara que en el último año han logrado rescatar a más de mil familias de las garras del peligro. Todo gracias a los valiosos proyectos de viviendas construidos por la actual gestión gubernamental, que ha decidido desafiar al destino y otorgar un hogar seguro a aquellos que más lo necesitan.

Un dato escalofriante y revelador se cuela entre las sombras del relato: recientemente, fueron evacuadas 700 familias de las proximidades del arroyo Gurabo, una hazaña encomiable que inspira a seguir luchando en la batalla por la supervivencia y la seguridad.

En Santiago, la amenaza acecha en cada esquina, en cada suspiro del viento. Pero también se erige un muro humano, una resistencia férrea que se niega a ceder ante los embates del destino. Los corazones se unen, las miradas se encuentran y, juntos, construyen un escudo impenetrable, dispuestos a desafiar a los cielos y proteger la vida.

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