Por Alfredo Cruz Polanco
Con motivo de conmemorarse el 63 aniversario del funesto golpe de Estado contra el gobierno constitucional, legítimo y democrático presidido por el ilustre vegano, constitucionalista y humanista, el profesor Juan Bosch, fuimos invitados a un conversatorio con jóvenes en la ciudad de La Vega. En dicho encuentro compartimos testimonios sobre su legado de vida y su obra de gobierno, una vivencia cercana que nos honró profundamente, pues, en nuestra condición de exgobernador civil de esta provincia, nos correspondió recibirlo y atenderlo durante sus últimas visitas a nuestra tierra. Asimismo, realizamos un recuento de los principales acontecimientos previstos antes, durante y después de su injusto derrocamiento.
Tras la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina el 30 de mayo de 1961 —quien gobernó el país con mano de hierro y sangre durante más de tres décadas—, Juan Bosch regresó de un exilio de 24 años en octubre de ese mismo año. De inmediato, asumió la tarea de educar al pueblo a través de las ondas radiales de cara a la campaña presidencial por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), organización que había fundado en Cuba junto a figuras como Ángel Miolán y Enrique Cotubanamá Henríquez. Para explicar las agudas desigualdades socioeconómicas a una población mayoritariamente rural y analfabeta —de apenas cuatro millones de habitantes—, Bosch popularizó los célebres términos «hijos de Machepa» y «tutumpotes».
Las elecciones presidenciales se fijaron para el 20 de diciembre de 1962. En la recta final, sometido a un intenso asedio por sectores eclesiásticos que lo acusaban de «comunista», Bosch tomó la valiente decisión de retar a un debate televisado a uno de sus principales críticos: el padre Láutico García, intelectual de la Orden de los Jesuitas. Apenas 72 horas antes de los comicios, bajo la moderación del periodista Salvador Pittaluga Nivar y transmitido por La Voz Dominicana, se celebró este crucial diálogo en el complejo contexto de la Guerra Fría y la reciente Crisis de los Misiles en Cuba (octubre de 1962). Tras casi cuatro horas de intercambio, el padre Láutico García reconoció públicamente su error y le ofreció disculpas, admitiendo que Bosch no era comunista. Esa misma madrugada, el pueblo se volcaba a las calles a celebrar la victoria de Don Juan, triunfo que se consolidó el 20 de diciembre cuando el PRD obtuvo casi el 60 % de los votos emitidos.
Durante la transición, el presidente electo inició una inédita gira internacional por Estados Unidos, Francia, Alemania, Inglaterra y México, reuniéndose con jefes de Estado como John F. Kennedy y Charles de Gaulle. Bosch buscaba asistencia, préstamos y mercados para colocar los productos dominicanos en momentos de severa crisis económica. Era la primera vez en nuestra historia que un mandatario electo realizaba una travesía de esta magnitud antes de su juramentación.
El 27 de febrero de 1963, Juan Bosch prestó juramento como el primer presidente constitucional electo democráticamente tras la caída del régimen trujillista. A su investidura asistieron delegaciones de diez naciones, incluyendo al vicepresidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson.
En sus breves siete meses de gestión, Bosch gobernó bajo el amparo de la Constitución de 1963, texto en cuyo diseño tuvo un rol determinante. Esta Carta Magna es recordada como la más liberal, progresista y garantista en materia de derechos humanos y justicia social de nuestra historia: prohibió el latifundio, consagró la redistribución de tierras para los campesinos y dispuso la participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas.
Frente a la escasez fiscal de su primer mes, cuando no había recursos para pagar la nómina pública, Bosch solicitó a los pocos empresarios de la época un adelanto de impuestos del ejercicio siguiente, dando origen a la figura tributaria que hoy conocemos como el Anticipo del Impuesto sobre la Renta. Asimismo, consciente de la necesidad de combatir la corrupción y actualizar el régimen institucional, envió una comunicación al presidente del Senado, Dr. Juan Casanova Garrido, solicitando la aprobación de un nuevo Código Penal. Desafortunadamente, aquel esfuerzo se frustró con el golpe de Estado; hoy, más de seis décadas después, dicha reforma pendiente continúa en debate en el Congreso Nacional.
Su visión de desarrollo dejó huellas tangibles: la contratación para las presas de Tavera y Valdesia, el inicio del acueducto de Santo Domingo, la Zona Franca de Puerto Plata, la ampliación de la planta eléctrica para la capital, y el proyecto de las «Villas de la Libertad», asentamientos rurales integrales con viviendas, tierras, escuelas, clínicas y servicios. Igualmente, promovió la capacitación internacional de jóvenes profesionales en áreas estratégicas —como Mike Mercedes en gastronomía, Ramón Alburquerque o el Dr. Sergio Sarita Valdez— e impulsó la Ley 127-64 sobre Asociaciones Cooperativas (única legislación de su período preservada por el Triunvirato).
En el plano financiero, al constatar que solo operaban en el país bancos extranjeros y estatales (Chase Manhattan Bank, Royal Bank of Canada y Banco de Reservas), Bosch exhortó al empresario Alejandro Grullón a constituir la primera entidad bancaria con capital privado dominicano, iniciativa que dio origen al Banco Popular en 1964.
Su firmeza moral fue intachable. Cuando su director de seguridad y asistente personal, Virgilio Gell, intentó solicitar un soborno de 25,000 dólares al empresario Celso Pérez para autorizar una fábrica de calzados, Bosch lo destituyó de inmediato y lo sometió a la justicia. Al referirse al hecho, expresó categóricamente:
«Queremos advertir al país que el Presidente de la República no tiene amigos, ni enemigos, ni parientes. La ley protege a todos los dominicanos, pero también le cae encima a todo aquel que la viole. Esta es una república que tiene que regirse por la ley; la ley no reconoce nombres, personas, sentimientos ni relaciones familiares. Los funcionarios de este gobierno que crean que el presidente no se enterará si hacen algo mal hecho, están equivocados […]. Me duele hacerlo, pero tengo que hacerlo para preservar la democracia de este país. Yo puedo ser derrocado como cualquier gobernante en América Latina, pero cuando salga del poder, tendrán que reconocer mi honestidad».
Para evitar todo atisbo de nepotismo, rehusó nombrar en la administración pública a su sobrina, la capacitada profesional Milagros Ortiz Bosch. De igual modo, rechazó privilegios personales. Durante su visita a la Casa Blanca, el presidente Kennedy le obsequió un reloj Rolex que Bosch jamás usó. Años más tarde, se lo entregó a Eduardo Selman, secretario de finanzas del PLD, para que lo vendiera en Estados Unidos y aportara los fondos al partido. Sin embargo, al inspeccionarlo en una joyería norteamericana y confirmarse que era un regalo formal de la Casa Blanca, se determinó que legalmente no podía comercializarse.
A pesar de gobernar en estricto apego a la ley, sin haber perseguido a nadie ni haber derramado una sola gota de sangre, el gobierno constitucional fue objeto de una feroz campaña de descrédito por parte de los sectores fácticos, la cúpula militar y la oligarquía empresarial que aspiraba a repartirse el patrimonio de la dictadura. Como se diría popularmente, un gobierno tan democrático «duraría menos que una cucaracha en un gallinero». Así, el 25 de septiembre de 1963, un nefasto golpe de Estado perpetrado por mandos militares —encabezados por Elías Wessin y Wessin y el general Atila Luna—, sectores eclesiásticos, la oligarquía económica, partidos opositores dirigidos por Viriato Fiallo y Juan Isidro Jimenes Grullón, y la embajada de Estados Unidos, puso fin al ensayo democrático. Esta interrupción institucional significó un retroceso de más de medio siglo en el desarrollo político, social y económico de la nación.
Desde su confinamiento en el Palacio Nacional, Bosch dirigió una histórica carta al pueblo dominicano el 26 de septiembre de 1963:
«Al pueblo dominicano: Ni vivos ni muertos, ni en el poder ni en la calle, se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta. Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a los privilegios, al robo, a la persecución y a la tortura. Creemos en la libertad, en la dignidad y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas, pero también con justicia social.
En siete meses de gobierno no hemos derramado una gota de sangre, ni hemos ordenado una tortura, ni hemos aceptado que un centavo del pueblo fuera a parar a manos de ladrones. Hemos permitido toda clase de libertades y hemos tolerado toda clase de insultos, porque la democracia debe ser tolerante; pero no hemos tolerado persecuciones, ni crímenes, ni torturas, ni huelgas ilegales, ni robos, porque la democracia respeta al ser humano, exige que se respete el orden público y demanda honestidad.
Los hombres pueden caer, pero los principios no. Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática. La democracia es un bien del pueblo y a él le toca defenderla. Mientras tanto, aquí estamos, dispuestos a seguir la voluntad del pueblo».
En abril de 1965, la gesta patriótica de civiles y militares constitucionalistas, liderada por los coroneles Rafael Fernández Domínguez y Francisco Alberto Caamaño Deñó, buscó restablecer el orden constitucional sin necesidad de comicios. Sin embargo, tras derrotar inicialmente a las tropas golpistas, la contienda fue frustrada por la invasión de 23,000 marines estadounidenses, lo que obligó a Don Juan y a su esposa a marchar nuevamente al exilio. Al desocupar su vivienda alquilada, el inventario reveló la austeridad de su patrimonio: enseres modestos, en su mayoría adquiridos a crédito que debieron ser devueltos a los comerciantes.
Su desprendimiento y vocación de servicio perduraron a lo largo de los años. Tras regresar al país y carecer de vivienda propia, Bosch promovió un patronato para construirle una casa al Poeta Nacional, Don Pedro Mir. Tiempo después, la sociedad hizo lo propio con el líder político. De igual forma, en 1977, durante el Congreso Juan Pablo Duarte del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) —organización fundada por él en 1973—, solicitó a la militancia autorización para reclamar la pensión que le correspondía como expresidente (acumulada en RD$67,000) con el único fin de donarla íntegramente al partido para la compra de vehículos y alquiler de locales, petición aprobada por unanimidad.
Como señaló Francisco Henríquez y Carvajal en el panegírico a Eugenio María de Hostos —maestro cuyo pensamiento moldeó la formación de Bosch cuando transcribía sus obras—: «Hay hombres que, en la medida en que su cadáver va descendiendo a la fosa, se agigantan cada vez más».
Juan Bosch falleció el 1 de noviembre de 2001, pero su impronta ética, pedagógica y ciudadana trasciende las fronteras dominicanas para convertirse en patrimonio de América Latina. Como bien refrana el adagio: «Nadie muere de verdad si queda en el mundo quien respete su memoria».





