Tragedia en Santiago: Minerva Rodríguez Zapata, un adiós inesperado un día después de despedir a su padre

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Entre lamentos y acusaciones al 911, la joven Minerva deja este mundo, llevándose consigo el peso de una pérdida doble. La comunidad serrana llora dos ausencias en un mismo adiós.

Por Valentina Garcia

Santiago, República Dominicana.- En las intrincadas calles de San José de las Matas, la joven Minerva Rodríguez Zapata encontró su trágico destino, presa de un infarto fulminante. Un día después de sepultar a su progenitor, Juan Ramón Rodríguez, conocido como Canela, la comunidad serrana quedó sumida en un profundo pesar.

Los lugareños, que compartieron risas y momentos con Minerva en su humilde morada, hoy se ven envueltos en un aura de desconcierto y dolor. La partida de esta joven, marcada por la sombra de la muerte de su padre, ha dejado un rastro de conmoción que se expande más allá de los límites familiares.

En Villa Duarte, Barrio Las Flores, donde la vida y la muerte se entrelazan en un ciclo inescrutable, el velatorio de Minerva se erige como un altar doblemente doloroso. La misma morada que acogió los preparativos para el adiós a su padre, ahora alberga el lamento por la pérdida de la propia Minerva.

Sin embargo, entre la tristeza que pesa en el aire, la familia no duda en señalar con dedo acusador al sistema del 911. La demora en la respuesta de los servicios de emergencia, un intervalo de agonía que se prolongó por una hora, se convierte en el blanco de sus críticas. El descuido percibido agrega capas de angustia a un duelo ya suficientemente difícil.

"Mi hermana preparó el altar para mi padre y al final sirvió para ella", resuena la voz de un familiar, pronunciando duras palabras que encapsulan la ironía y la tragedia que envuelven este doble adiós.

De acuerdo con los relatos de los parientes de Rodríguez Zapata, un infarto selló su destino, pero las acusaciones persisten, creando un velo de incertidumbre sobre la partida de Minerva. En este rincón de Santiago, donde la vida se teje con hilos invisibles, la tragedia deja cicatrices imborrables en el alma de la comunidad serrana.

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