Playas Caracoles, 50 años después

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La madrugada del 2 de febrero del 1973, es una fecha que está marcada en la historia como el día que el héroe de la Revolución de Abril del 1965, coronel Francisco Alberto Caamaño, desembarcó en playas Caracoles, Bahía de Ocoa, en la provincia de Azua.

Caamaño Deñó, conocido como “Román”, retornaba a su patria procedente de Cuba, liderando a un reducido grupo de ocho combatientes para impulsar una “guerra de guerrilla” en la cordillera Central con la intención de derrocar al gobierno corrupto y represivo de Joaquín Balaguer y lograr las metas truncadas por la segunda intervención militar norteamericana.

La República Dominicana vivía hace 50 años una situación desesperante fruto del terror político de los 12 años de Balaguer, terror alimentado por los aires de la guerra fría y las acciones genocidas de la postguerra para exterminar a los jóvenes que soñaban con otro abril para liberarse de los remanentes de la dictadura Trujillista.

Tras ser detectado antes de tiempo, el foco guerrillero fue aniquilado por las Fuerzas Armadas, que al herir y capturar con vida a Caamaño lo asesinó junto a varios compañeros. Los únicos que sobrevivieron fueron Toribio Peña Jáquez (Felipe), Claudio Caamaño Grullón (Sergio) y Hamlet Hermann Pérez (Freddy). Éstos dos últimos fallecidos en marzo y enero del 2016 respectivamente.

El grupo guerrillero estaba integrado por además por Ramón Euclides Holguín Marte (Braulio), Mario Nelson Galán Durán (Juan), Giordano Heberto Lalane José, Juan Ramón Payero Ulloa (Ismael). Tras ser capturados, Hamlet y los otros dos sobrevivientes fueron enviados al exilio.

Trece días después del desembarco, el 16 de febrero, las Fuerzas Armadas anunciaron la muerte de Caamaño junto a dos de sus compañeros en el paraje Nizaíto, sección la Horma de San José de Ocoa.

El contralmirante Ramón Emilio Jiménez hijo, Secretario de Estado de las FFAA; mayor general Enríquez Pérez y Pérez y el brigadier Juan René Beauchamps Javier, mostraron el cadáver de Caamaño a un reducido grupo de periodistas.

Los comunicadores fueron trasladados en helicóptero hasta el lugar donde se encontraba el cuerpo sin vida, y los de sus compañeros Lalane José y Alfredo Pérez Vargas, aunque las FFAA informaron que Caamaño había muerto en combate.

Testimonios posteriores afirmaron que Caamaño luego de ser capturado herido por tropas del Ejército Nacional que lo perseguían, fue fusilado, descuartizado y quemados sus restos. Mucho odio y demasiado temor inspiraron esa pérfida determinación gubernamental.

Informado el presidente Balaguer de su captura, le expresó al general Ramón Emilio Jiménez (hijo) que “en el país no había cárceles para un hombre como el coronel Caamaño”, dejando bien insinuado que procediera a su fusilamiento.

A propósito, ¿Qué dice la Biblia acerca de la guerra o guerrilla urbana? La guerra nunca es algo bueno, pero algunas veces es algo necesario. En un mundo lleno de gente pecadora (Romanos 3:10-18), la guerra es inevitable. Algunas veces la única manera de evitar que la gente pecadora haga un gran daño a los inocentes, es yendo a la guerra contra ellos.

Con frecuencia Dios ordenaba a los israelitas ir a la guerra contra otras naciones (1 Samuel 15:3; Josué 4:13). Dios ordenó la pena de muerte para numerosos crímenes (Éxodo 21:12; 21:15; 22:19; Levítico 20:11). Así que, Dios no está contra el matar en todas las circunstancias, sino sólo en contra del asesinato. 

Es un error decir que Dios nunca apoya una guerra. Jesús no es un pacifista. En un mundo lleno de gente impía, algunas veces es necesaria una guerra para prevenir un daño aún mayor. 

Si Hitler no hubiera sido vencido en la II Guerra Mundial, ¿cuántos millones más de judíos hubieran sido exterminados? Si la Guerra Civil en Estados Unidos no se hubiera peleado, ¿por cuánto tiempo más los afro-americanos hubieran tenido que sufrir como esclavos?

Sin embargo, cincuenta años después de Playa Caracoles es difícil entender el sacrificio del Héroe de Abril, sobre todo, cuando la teoría del foquismo alimentada por el legendario Che Guevara ya no es la opción más viable para impulsar procesos de cambios en América Latina.

Aquellos eran los tiempos de las leyendas, donde la experiencia de la Revolución Cubana inspiraba sueños de victoria por todo el mundo y el movimiento revolucionario exaltaba la necesidad de abrir cuantos frentes fueran posibles para dispersar las fuerzas del imperialismo en América Latina.

En 1991 cuando el mundo occidental estaba la Navidad, dejó de existir, oficialmente, la Unión Soviética y de paso desapareció el Régimen Comunista en el país más grande del planeta. Un régimen, que pretendía demostrar al mundo “capitalista”, que su sistema “socialista” era más próspero, más igualitario, más justo y que hacía a las masas populares más felices, se fue a pique.

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