¿Pensamos al fin y al cabo hacia dónde vamos?

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Por Pedro de la Cruz 

Aprender a pensar como dominicano, es difícil, hay que estar en onda y hacerse la siguiente pregunta: ¿Pensamos al fin y al cabo hacia dónde vamos?.

¿Pensamos al fin y al cabo hacia dónde vamos?
¿Pensamos al fin y al cabo hacia dónde vamos los dominicanos a propósito de conmemorarse hoy el Dia de la Restauración de la República Dominicana?

Detengamos un momento y analicemos a nuestros dominicanos en esta época con motivo del memorable 16 de agosto, “Día de la Restauración” de la República Dominicana.

Sería normal clasificar por edades, porque la manera de comportarse es diferente. Pues no es lo mismo un joven que baila, “despacito”, llevando una vida a todo galope, queriendo llevarse por delante todo lo que encuentra y un adulto que trabaja de sol a sol para luego en el fin de semana convertir su vida en un “infierno”.

¿Por Qué “infierno”?. Se convierte en el demonio al irse de parranda con los amigos y amigas. Es su efímera felicidad, dejando a un lado los deberes de su hogar, donde su esposa día a día se dedica a mantener en línea su familia. El escape y la esperanza no se pierden porque yendo a la banca a jugar un “palecito”, la señora se conforma y él convirtiéndose en manager, pone a jugar su segunda base.

Crucemos a la edad de los mayores. Tener un teléfono inteligente no falta y fácilmente lo detectamos por estar encorvados viendo la pantalla. La risa salta de vez en cuando y decimos pero se está poniendo loco, pero lo que está es en WhatsApp, Facebook e Instagram. Lo vemos con el celular hacia el cielo, no es pidiendo clemencia es tomándose una selfie para su perfil. Ha llegado el tiempo de verlo hacer un rollito con pasto verde, para ponerse en onda.

Oír canciones de los artistas urbanos, cuyas composiciones ofenden los principios morales de las jóvenes, es pan comido, pues con sus pompas grandes confunden al pensar que hemos llegado a África.

Tener como ídolos los jeques de los carteles, es icono a mostrar, porque conseguirlo fácil es lo que hay.
Tomar como modelo las cultura extranjera es un quehacer cotidiano, mostrando tatuajes en todo el “templo” de su cuerpo.

Lo que no hace el dominicano es tomar un libro en sus manos, asistir a charlas y conferencias, visitar a Youtube para buscar mensajes de crecimiento personal, conocer la palabra respeto, eso no está en su diccionario.

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