Los murales de Santiago de los Caballeros

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Se trata de murales bien planificados, bien elaborados, pero no expresan a cuál personaje se refieren.

Santiago de los Caballeros está hermosa. Calles limpias, asfaltadas, bien organizadas. Se respira aire limpio; contrasta con el humo habitual de las grandes urbes. Aún no ha llegado el tiempo de abrigarnos. 

El casco urbano o centro histórico, como lo llaman los santiagueros más avezados, está lleno de turistas tanto extranjeros como dominicanos que vienen a disfrutar de éste  ambiente citadino. Claro, hasta las seis de la tarde, cuando se cierra la ciudad.

La vida nocturna, de repente, desapareció. Nos queda como divina providencia el arte pictórico de nuestros muralistas en las añejas y desvencijadas paredes de los tiempos coloniales y  post-coloniales. 

La ciudad vive, famélicamente está viva, con cientos de casas que quedaron en pie y otras reconstruidas tras los constantes incendios provocados por el ejército haitiano en los tiempos de las guerras independentistas, otras, devoradas por las polillas y el olvido.

Santiago perdió el sentido de ciudad normal. No hay vida nocturna. Nos quedan las aceras por donde otrora caminaban Duarte, Mella, Sánchez, Luperón, Santiago Rodríguez, Benito Monción, Furcy Fondeur L., todos los síndicos, los honorables legisladores, abogados y periodistas. Las “marchantas” de Jacagua que nos vendían las viandas y la leche pura por la mañana (un monumento aun vivo de la fina tradición centenaria. 

Nos quedan el Palacio de la Gobernación Provincial de Santiago, lugar donde el famoso perredeista Pablo Guzmán, se comió su cédula para no ser identificado; donde Antonio Cid, Ambiórix Díaz, Joaquín Balaguer, caminaban erguidos. La época lo exigía. Santiago muestra en su trajinar citadino, muchas historias, todas, o al menos casi todas, ocultas. Pululaban los masones, que callaban todo y lo guardaban en el baúl hasta la muerte.

Hoy la ciudad se encuentra alborotadas por la cantidad exuberante de hermosos murales, que so un tanto lo plasmado, un tanto arte. 

Pero de nada vale que los turistas y nuestros conciudadanos  disfruten de esos hermosos murales. Que la ciudad transitada desde décadas palpe el sentido, que la disfrute y pueda recordar el transcurrir de los artistas ahí plasmados, es algo que nos enorgullece. Pero la generación actual, a la que nos debemos, se detiene frente a frente a tomarse fotos de los murales de la Alcaldía de Santiago y aparece sobre sí un interrogante (¿?) “Ése de ahí, quien era? Aún sin saber si sobrevive a la época

Murales bien planificados, bien elaborados, pero no expresan a cuál personaje se refieren.

Son murales mudos de la ciudad que nosotros los coetáneos, podemos identificar y valorar su aporte a la sociedad, incluso, tener como hermosos recuerdos de nuestra juventud; quienes los contemplan, se quedan perplejos, estupefactos, observando una obra maestra de la pintura, donde no se reseña a que se refiere, ni cual muralista lo pintó. Son como dije, LOS MURALES MUDOS DE LA ALCALDIA.

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