La penumbra en Jarabacoa: Edenorte, un cortejo de apagones y desilusiones

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En el mágico escenario de Jarabacoa, la ciudad de la eterna primavera, un sondeo realizado este jueves ha develado el nombre que provoca suspiros de frustración: Edenorte. La empresa gubernamental se erige como la protagonista indeseada en el corazón del pueblo, desatando una danza interminable de apagones y desventuras eléctricas que ha dejado a los jarabacoenses sumidos en la oscuridad y el desasosiego.

Valentina Garcia M. y Fabio Hernández

Jarabacoa, La Vega, RD

Jarabacoa, ese rincón donde el tiempo pareciera detenerse en un vaivén de encantos y paisajes de ensueño, ahora vive una pesadilla que perturba sus noches y desdibuja sus días. Un sondeo, cual oráculo indiscreto, ha revelado los suspiros de insatisfacción que flotan en el aire, y el nombre que ha emergido de las sombras, como un trágico protagonista, es Edenorte, la empresa gubernamental que ha llevado la luz a la penumbra.

No hace mucho tiempo, los habitantes de Jarabacoa disfrutaban de un privilegio inigualable: el servicio eléctrico las 24 horas del día. Era como si la energía fluyera en sus venas, alimentando los sueños y engrandeciendo los hogares con su brillo incansable. Sin embargo, como en los caprichos del destino, el año 2020 trajo consigo un viraje inesperado. Las nuevas autoridades asumieron el timón y el panorama se tornó sombrío, como un día nublado que amenaza tormenta.

Los jarabacoenses se enfrentan desde entonces a una danza incesante de apagones, un desfile de incertidumbre que oscurece sus esperanzas y deja al descubierto las vulnerabilidades de un sistema maltrecho. Bombillas que parpadean como estrellas agonizantes, intermitentes como luciérnagas juguetonas en una noche eterna. El paisaje urbano de Jarabacoa se ha convertido en un enorme árbol navideño, pero en lugar de celebración, solo se encuentra el desconcierto de vivir en un perpetuo vaivén de sombras.

La tragedia eléctrica no se limita solo al espectáculo deslucido de luces fatigadas. No, la desgracia se ha cobrado un tributo inhumano. Los electrodomésticos, fieles compañeros de los hogares, se han convertido en víctimas sacrificadas en el altar de los cortocircuitos y los voltajes desbocados. Neveras que ya no albergan frescura, radios mudas, televisores que solo reflejan penumbra, abanicos detenidos en un soplo de desesperanza. El resultado: chatarra inútil que yace en silencio, como epitafio de una energía que un día fue vida.

Sin embargo, el oscuro telón de este drama no sólo envuelve la escena material, sino también el espíritu de la comunidad. Jarabacoa, acostumbrada a una danza constante de progreso y bienestar, se encuentra ahora sumida en la incertidumbre, el desasosiego y la desesperación. La paciencia se agota como un río que se seca en tiempos de sequía, y los sueños de desarrollo se desvanecen como un espejismo en el horizonte inalcanzable.

En un acto de valentía ciudadana, el programa televisivo "La Ruta de la Información" emprendió un sondeo en vivo, buscando poner palabras a la frustración colectiva. Las instituciones gubernamentales presentes en Jarabacoa fueron colocadas en el escenario, como actores secundarios en una trama desgarradora. Obras Públicas, Salud Pública, Agricultura, el Ayuntamiento, indrhi y Coraavega esperaron su turno en silencio, pero fue Edenorte quien tomó el centro de atención. Dieciocho votos, como un coro unánime de indignación, lo señalaron como el principal responsable de este calvario eléctrico. Las demás entidades, meros espectadores sin voz, obtuvieron cero votos, resignadas al papel de comparsas en esta tragedia moderna.

El sondeo, emprendido con fervor periodístico por los comunicadores Fabio Hernández y Jaquelin Sierra, vivió una ironía cruel. Justo en el clímax de su realización, cuando las palabras flotaban en el aire expectantes, la luz se extinguió. El estudio de televisión, convertido en un oscuro escenario teatral, se convirtió en símbolo palpable de la realidad que enfrenta Jarabacoa día tras día. Un recordatorio trágico de que la oscuridad ha conquistado el corazón de la ciudad, mientras sus habitantes anhelan ansiosos una solución que les devuelva la luz y la esperanza.

En Jarabacoa, donde la magia se mezcla con la cotidianidad, la sombra de Edenorte se alza como un presagio ominoso sobre el destino de la ciudad. ¿Hasta cuándo durará esta penumbra? ¿Cuándo volverá la energía a fluir en las venas de Jarabacoa, devolviendo el brillo a sus noches estrelladas? Mientras tanto, los jarabacoenses, sumidos en la oscuridad, anhelan el renacer de su pueblo, soñando con un futuro iluminado y liberado de esta danza interminable de apagones y desilusiones eléctricas.

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