Jacques Cousteau: el legado de un visionario defensor de los mares

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A veces siento nostalgia de no ver a Jacques Cousteau y su sencilla, natural, interesantísima, recreativa, consciente y científica forma de presentarnos al mundo marino a través de la televisión durante sus emocionantes exploraciones a bordo del Calipso.

Jacques Cousteau nació el 11 de junio de 1910 en Saint-André-de-Cubzac, un pueblo francés situado entre el departamento de Gironda y la región de Aquitania, cerca de la ciudad de Burdeos.

Jacques Cousteau tenía un carisma angelical. Su constante búsqueda, observación y admiración por las especies en peligro de extinción, especialmente por la preservación de las especies marinas, lo convirtieron en un eterno navegante de los mares.

Su vida estuvo impregnada por la presencia del mar y fue él quien, por primera vez, nos trajo los misterios de las profundidades, el encanto celeste y sus líquidas salitres, oscurecidas por la falta de luz, capturadas gracias a su ingeniosa y maravillosa invención: la escafandra.

La escafandra le permitía respirar mejor y tener más posibilidades de análisis a grandes distancias de la superficie. Sus inventos se convirtieron en un valiosísimo aporte al campo de la investigación submarina.

También fue un prolífico escritor. Sus cincuenta libros, fruto del entorno en el que se movía, demuestran claramente su amor por el terreno en el que realizaba sus investigaciones. Sus libros están impregnados de esa pasión, de ese vasto conocimiento, de su amor y entrega incondicional a favor de la vida y del planeta.

El 25 de junio de 1997, a la edad de 87 años, fallece Jacques Cousteau, también conocido como el Capitán Planeta. Su corazón marcó su ausencia física de los mares que tanto amó, a los cuales se dedicó en cuerpo y alma, con el único y sublime interés de proteger la biodiversidad y hacer más comprensible y humana su labor de biólogo marino, iluminando el camino con sus ideas y su importante accionar.

Fue enterrado en su lugar natal, donde una calle lleva su nombre y se erigió una insignia con una de sus frases más conocidas: "En el mar no hay pasado, presente o futuro, solo paz".

Pensar en Jacques Cousteau es viajar al intenso y multiforme sueño en el que vivió. Como todo genio, supo comunicar a su manera lo que movía su existencia; supo entenderse con su alma y dejar en la historia su solemne e invaluable enseñanza, su impresionante y constructivo legado.

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