Familia que Reza, Sociedad que se Transforma

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Por Luis Alberto De León Alcántara

Noviembre es el mes de la familia. Es el tiempo que dedicamos para recordar la primera célula de la sociedad, la Iglesia doméstica, y el primer nido que nos acoge como seres humanos. No somos nada sin familia, porque justamente a ella le debemos nuestro existir. Nadie tiene una familia perfecta, pero cuenta con una, que es lo más importante.

Ella es la que está con nosotros en los momentos clave de nuestra existencia: al nacer, en los cumpleaños, en nuestros logros, cuando se presenta un obstáculo difícil de superar. En fin, nos pueden faltar los amigos y conocidos, pero que jamás que nos falte la familia.

Siempre hemos escuchado que la “familia está en crisis”, “que los valores se están perdiendo en la familia”, “que la familia no es la misma”.

Sí, hemos oído muchas cosas, pero lo que no podemos dejar de mencionar ni reconocer es que el problema principal hoy, es que a la familia le falta oración, los valores espirituales y, sobre todo, el temor de Dios. La familia comenzó desmoronarse precisamente cuando lentamente sacaron a Dios del centro. Cuando el papá y la mamá le daba lo mismo que los hijos creyeran o no en el Creador de todo.

No es casualidad la veracidad de aquella frase que se ha repetido tantas veces, “familia que reza unida, permanece”. Donde se encuentra Dios hay unidad, se encuentra siempre la actitud de buscarle la solución a todos los dilemas que se puedan presentar.

Pero, si la prioridad es la moda, el dinero, la tecnología, las vacaciones, entonces la unidad familiar durará poco, ya que estas estas cosas son pasajeras, y la familia tiene que construirse en realidades sólidas, no en superficiales.

La familia necesita de lo divino para sostenerse en lo humano. Como se ve tentada y amenazada constantemente con ideologías dañinas, como el aborto, la eutanasia y la promoción de la homosexualidad, tiene que llenarse de Dios para enfrentar el mundo, porque en el fondo, atacar y pretender destruir a la familia, es declararle la guerra a Dios, ya que la familia es imagen y reflejo del amor que Dios nos tiene.

La existencia de la familia es el signo visible de la presencia del Todopoderoso. Porque en la familia está la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La prueba evidente es que, en el padre, la madre y los hijos se posan la voluntad de Dios, como Padre y protector de la familia.

Así como no hay humanidad sin familia, del mismo modo tampoco puede haber unidad sin oración. Podemos sugerir tal y cual cosa para el mejoramiento de la familia, pero que no falte la presencia de Dios, el velar para que se cumpla el cuarto mandamiento, “Honrar a su padre y a su madre”.

Que nos preocupemos por todo: salud, economía, bienestar, etc., por ser dimensiones importantes. Ahora bien, que no se quede el creador del mundo en la petición que hacemos en nuestra cotidianidad, porque es Él que ensambla el edificio completo de nuestra familia y la sociedad.
P. Luis Alberto De León Alcántara

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