El sargento confundido: Una identidad errada en el drama de Santiago

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Onessy Solís Contreras

Un testimonio de confusión y violencia en Santiago, donde la identidad se desdibuja y la autoridad se convierte en agresión.

Por Valentina Garcia

Santiago, República Dominicana – En una mañana de rutina en la ciudad de Santiago, un suceso inesperado ha sacudido los cimientos de la tranquilidad urbana. El sargento Onessy Solis Contreras, un hombre de casi una década de servicio en la Policía Nacional, se vio envuelto en una trama de confusión y violencia que lo llevó al filo de la indefensión.

Todo ocurrió este lunes, en la encrucijada de las calles Restauración y Antonio Guzmán, donde los habitantes del barrio La Joya aún no terminan de comprender lo sucedido. Tres figuras de uniforme, pertenecientes a la Dirección General de Migración (DGM), abordaron a Solis Contreras con una premura que denotaba urgencia y una sospecha mal encauzada.

Las palabras de identificación, un eco de autoridad, fueron desplazadas por la fuerza bruta de los golpes y la confusión. "Yo soy policía", clamó Solis Contreras, intentando hacerse escuchar por encima del estruendo de la violencia desatada. Pero su voz se perdía entre el caos de la malinterpretación.

El relato de Solis Contreras, contado entre sollozos y gestos doloridos, se convierte en un testimonio de resistencia ante la arbitrariedad. "Me agarraron fuerte por el brazo, les dije que soy policía, pero no escuchaban. Golpes, palos en la cabeza, trompadas en la espalda", susurra, como si cada palabra fuera un recordatorio de la injusticia sufrida.

El informe médico del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) es el documento que da fe de las heridas infligidas: equimosis en la cabeza y el costado derecho, excoriaciones que narran la historia de una lucha desigual. Pero más allá de las marcas físicas, es el alma de Solis Contreras la que se encuentra en duelo, cuestionando la integridad de un sistema que debería protegerlo.

En su acto de valentía, Solis Contreras se presenta ante el Palacio de Justicia de Santiago, un último bastión de esperanza en medio del caos. Allí, con la determinación de quien sabe que su verdad debe ser escuchada, interpone una querella contra los agentes de migración responsables de su sufrimiento.

Mientras tanto, el video que circula en las redes sociales se convierte en la voz de un pueblo indignado, en un grito colectivo contra la impunidad y la discriminación. En las imágenes, la brutalidad de la confusión se hace evidente, como una herida abierta en el tejido social.

Este incidente, más que un hecho aislado, se erige como un espejo que refleja las tensiones y contradicciones de una sociedad en constante cambio. En la República Dominicana, donde las fronteras son más que líneas geográficas, cada ciudadano merece ser reconocido en su identidad y respetado en su dignidad, sin importar su origen o condición.

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