El caos vial en áreas de hospitales de Santiago: una situación alarmante que requiere acciones inmediatas

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La falta de orden y seguridad en las vías públicas cercanas a los hospitales de Santiago y Santo Domingo ha generado un caos vial que dificulta el acceso y salida de pacientes, así como el adecuado funcionamiento de los servicios médicos.

Tomando a Nueva Delhi como ejemplo del caos en las vías públicas y el comportamiento humano, podríamos decir que existe una gran similitud en varios puntos críticos en áreas de movimiento comercial.

Sin embargo, no deberíamos justificar la existencia de caos vial en zonas hospitalarias, como ocurre en los alrededores de los hospitales Salvador Bienvenido Gautier, Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, Hospital Materno-Infantil San Lorenzo de Los Minas y Hospital Docente Dr. Francisco E. Moscoso Puello. Este último está ubicado en una de las zonas capitalinas con mayor afluencia de vehículos y peatones, por mencionar solo algunos casos. En estos lugares, la presencia y efectividad de agentes de tránsito, tanto vehicular como peatonal, no se ajusta a las necesidades de ingreso y salida segura de estos grandes hospitales.

Si hay lugares donde se aplica mínimamente el concepto de Ley de Tránsito, establecido por nuestros honorables legisladores, es precisamente donde se necesita más rigidez en el mantenimiento del orden público.

El tránsito impide que las ambulancias penetren a tiempo al Departamento de Emergencia del Instituto Oncológico de Santiago Y al Hospital Regional Universitario José María Cabral y Báez. La imagen fue tomada a las diez de la mañana en día laborable.

Entrar y salir de un hospital en la República Dominicana es una experiencia traumática. Podría compararse con intentar cruzar una calle en Bangladesh, según se observa en los videos publicados en la red internacional sobre el movimiento vehicular en ese país. Quizás estoy exagerando un poco, pero la realidad es lamentable para los usuarios y empleados del sistema de servicios hospitalarios del país, especialmente en las provincias de Santo Domingo, Santiago y San Cristóbal, donde se concentra la mayor parte de la población urbana dominicana.

HAY QUE HACER ALGO

Se ha hablado muchas veces sobre el caos imperante en el tráfico de las áreas críticas, pero rara vez estas voces han resonado en el espíritu de servicio de los funcionarios de las alcaldías y otros organismos encargados de regular el tránsito y garantizar el acceso libre y seguro de los peatones, enfermos o sanos, a los lugares a los que tienen derecho.

El caos generalizado y enfermizo ocurre en las vías de acceso al Hospital Regional Universitario José María Cabral y Báez, en el centro de la ciudad de Santiago.

Curiosamente, en los tramos comprendidos entre las avenidas 27 de Febrero, Sabana Larga, Pedro Francisco Bonó y calle Sánchez (al norte, este, sur y oeste), que conducen a ese hospital público en una sola manzana enorme, la segunda, tercera y cuarta vía siempre están congestionadas.

La avenida Pedro Francisco Bonó, que lleva a la entrada del Departamento de Emergencia del hospital regional más grande del país, y que brinda un excelente y envidiable servicio a la región del Cibao, una zona habitacional que agrupa a ciudadanos de provincias ubicadas al norte, con vistas a la imponente Cordillera Septentrional y al Pico Diego de Ocampo.

El área de dicho hospital (HRUJMCYB) también es compartida por el Instituto Oncológico Regional del Cibao, el Instituto de la Piel y el Hospital SEMMA, de los maestros, cubriendo toda la mega manzana de las calles antes mencionadas.

La impotencia nos embarga al observar la falta de una valoración mínima por parte de nuestras autoridades, lo cual se refleja claramente en la ausencia total de agentes de AMETRASA. Durante los horarios de llegada de los pacientes que requieren servicios de salud pública, que son de 7 a 8 de la mañana y de 3 a 4 de la tarde, especialmente en este último horario cuando la mayoría de los departamentos de consulta están despachando y el personal médico, de apoyo y docente (el Hospital Cabral y Báez es universitario), se retira gradualmente, suelen aparecer motociclistas de AMET que intentan imponer sus reglas de manera intempestiva y, aunque tengan sus razones, olvidan sus propias reglas y el malestar que generan, para luego intentar solucionar rápidamente la situación.

Existe una falta de recursos, misión, visión profesional o una combinación de todos estos factores.

Entre las vías de acceso para las ambulancias y vehículos policiales, la que representa más problemas para el buen funcionamiento de las emergencias hospitalarias es la Avenida Las Carreras, la cual es la vía más transitada del casco urbano de la ciudad corazón.

Esta vía es utilizada principalmente por los organismos de socorro, como los camiones del Cuerpo de Bomberos, las ambulancias de los hospitales provinciales y las que están comprometidas con el sistema de emergencias 9-1-1, así como los vehículos particulares que trasladan a enfermos e heridos. Estos vehículos civiles a menudo permanecen atrapados en el caos del tráfico generado por el desconocimiento de las leyes de tránsito y por la existencia de rutas de "concho" que obstaculizan la circulación normal del tráfico.

En ciertas ocasiones, me encuentro en la calle Pedro Francisco Bonó, que conduce al Departamento de Urgencias Médicas del Hospital Regional Universitario José María Cabral y Báez, y allí, tomando una foto con calma, capturo la imagen que describe esta situación: un furgón de abastecimiento de una emblemática empresa nacional que opera en los alrededores se ve obligado a detenerse debido al caos del tráfico, lo cual obstruye cualquier intento urgente de llegar al hospital utilizando esa vía, la cual se conecta con la calle Sánchez.

Afortunadamente, una ambulancia con las sirenas a todo volumen logra cruzar justo después del furgón de 45 pies de largo, 5.5 pies de altura y una envergadura de 7.5 pies.

Una pelea estalla en medio de la calle, similar a la descripción de una décima del famoso poeta Juan Goico Alix. Es evidente la constante lucha entre los conductores, tanto entre ellos como con los transeúntes. Algunos pelean por prevalecer sindicalmente en los puntos concurridos de Santiago, una situación muy común en la capital y San Cristóbal.

Frente al "Marion", un chofer detiene su vehículo en medio de la calle y golpea a un agente de AMET que está en ese lugar, lanzándolo hacia el extremo del ring como un luchador. El agente se recupera y recibe el famoso "abrazo del Oso" del legendario luchador y campeón de la bolita del mundo, nuestro eterno Jack Veneno. El pobre policía, exhausto, apenas logra entender lo que sucede, ya que este incidente surgió de un antiguo altercado sindical en el cual el agente de AMET era un "chofer pirata".

Es un caos. Es como escribir historietas en papel mal reciclado donde aparecen fragmentos de noticias similares. El dominicano es una leyenda y su forma de vida diaria se refleja en las faltas involuntarias y a veces inevitables de civismo. Hace muchos años que en nuestras escuelas no se imparte la asignatura de Moral y Cívica, argumentando nuestros teóricos que ordenan la edición de libros escritos por mexicanos y argentinos para nuestros niños.

Debemos dar prioridad a la creación de un dispositivo multidisciplinario perimetral en el área de estos hospitales.

Santiago cuenta con personal experto en tráfico terrestre de gran valía. Durante décadas, los Directores de Tránsito Municipal del Ayuntamiento han desempeñado un papel importante en la fluidez del tráfico, tanto así que muchos de ellos fueron consultados en su momento histórico sobre la problemática del tráfico terrestre por parte de los ediles de la capital.

Tenemos a la AMET, conformada por agentes reguladores muy conocedores del tema, provenientes del antiguo Departamento de Tránsito de la Policía Nacional ("Tráficos"). Un objetivo y una visión permanentes, un plan continuo y autoevaluativo del conglomerado municipal de Santo Domingo, Santiago y San Cristóbal podrían tender a la eliminación de los problemas en las vías públicas, tanto para vehículos como para peatones, lo cual resultaría en un flujo seguro y puntual del personal que necesita atención médica diariamente. Los pacientes llegarían temprano y sin estrés, y los médicos atenderían a personas tranquilas, lo que también reduciría el estrés para los profesionales de la salud y la administración de las facultades médicas.

LOS VENDEDORES AMBULANTES

Con gran pesar, hemos observado que el personal policial encargado de la seguridad del gran centro médico regional tiene una visión equivocada en lo que respecta a la seguridad. No comprenden que, dentro del marco de la seguridad general asignada, también existe la seguridad interna, externa y perimetral.

EL PERÍMETRO SEGURO

En un área determinada, existen diferentes enfoques de seguridad según las necesidades específicas. Dentro de un recinto, se encuentra la seguridad del personal de servicio y de apoyo, la seguridad de las instalaciones estructurales y de los equipos, así como la seguridad de los medicamentos y expedientes, entre otros.

En los alrededores, se encuentra el personal encargado de cuidar los vehículos, controlar el acceso del personal y atender a las personas que requieren servicios médicos de manera ágil.

En el Hospital Regional Universitario José María Cabral y Báez, no se cumple mínimamente con la tarea de garantizar un acceso libre y seguro, ni por parte de la seguridad del hospital ni por parte de los agentes de AMET. Los motociclistas se estacionan en las aceras destinadas a peatones e incluso cruzan las motos, comportándose como si fueran dueños de las vías públicas, impidiendo que los peatones caminen libremente y representando un peligro inmenso, ya que los vehículos que ingresan al área de emergencias transportan heridos, enfermos y otras urgencias.

Los taxistas se estacionan en áreas de entrada y salida del Instituto Oncológico y del Instituto de la Piel, y solo un agente a cargo del hospital de los maestros (SEMMA) impide esta falta de respeto a las normas elementales, como la garantía de acceso sin menoscabo de los derechos urgentes para obtener atención médica.

Un gran grupo de vendedores ambulantes ocupa las aceras adyacentes e internas. Es un desorden total. Los más afectados son los pacientes y sus acompañantes, quienes vienen de los lugares más lejanos de la región del Cibao y sufren agresiones, insultos, vejaciones y robos a plena luz del día, producto del estrés al que son sometidos en plena vía pública. Llegan estresados a su médico y transmiten ese estrés al personal del hospital. Llegan a sus hogares en gran medida traumatizados y transmiten ese trauma a sus familiares, retrocediendo un peldaño en su proceso de recuperación.

En Santo Domingo es aún peor. Los carteristas llenan hasta el más pequeño rincón y se llevan los recursos que los enfermos deberían destinar a la compra de los medicamentos recetados por los médicos, e incluso ocurren casos extremos de secuestros y robos violentos.

Proponemos una reunión consultiva con los responsables de los departamentos de tráfico terrestre de los diferentes municipios de las principales provincias, o incluso de todas las provincias del país, con la participación activa del Ministerio de Transporte, los sindicatos de choferes y la sociedad civil debidamente organizada, con el fin de presentar propuestas que conduzcan a una solución definitiva y coherente de la problemática del tráfico en la República Dominicana.

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