A mis cincuenta y siete años

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Ya cuando el reloj y el calendario marca la llegada del mes de enero, comienzan los días en acercar el tiempo de nuestra fecha de cumpleaños.

En este caso, la semana que viene, el 14, estaríamos arribando a los 57 años, los cuales recibo desde la más amplia gratitud porque estamos con vida y sabemos bastante bien lo que es el valor de la misma.

No todos los seres humanos en este mundo tienen la dicha de haber recibido una segunda oportunidad de vida. Por eso, cuando logras adquirir la conciencia o sentir que la misma se te ha abierto, es como cuando pones en desarrollo la empatía y aún la solidaridad.

Cuando pienso hacia el pasado, y nos vemos aún jugando en el barrio de Los Jardines Metropolitanos, entendemos muchas veces porque hay quienes han dicho, que es bueno volver a recordarnos siendo niños, siempre y cuando, la misma fuera alegre.

En nuestro caso, a pesar de cómo muchas veces vivíamos, que nuestro hogar estaba en constante asedio por el régimen de los doce años, por la postura y accionar político de nuestro padre, podemos decir que el compartir con esos hermanos-vecinos-amigos, que se hacen con los años de compartir en el día a día y año tras año, eso va forjando en ti los pensamientos que hoy sirven para rescatar las aventuras de juegos, complicidades, y convivencias entre familias.

Es cuando te das cuenta que esas experiencias son las que realmente valen en la vida. Al igual como lo son aquellas que uno experimenta en familia y con seres queridos y personas amadas. Porque son irrepetibles, insustituibles y únicas. Es por esto, que nada debe ser más importante como atesorar esos momentos y buscar repetirlos de la forma más constante posible.

De nuestro barrio recordamos las familias con las cuales compartíamos mayormente durante todo ese ámbito de la niñez, Los Pandelo; Los Rosado; Los Tavárez Fanini; Los Díaz; Los Flores; Los Castro; y Los Genao. Y durante años, se convirtieron en nuestra familia más cercana, circundado esa cuadra por el Cine Doble en ese entonces. Nosotros crecimos en medio de mucho compartir franco y ameno. De poder disfrutar de las famosas pizzas del Edén, negocio familiar por excelencia de aquel entonces de los Herrera. Los restaurantes La Lata, que era ampliamente conocida como referencia. La Chimenea, donde se realizaban los extra innings de los juegos de las Águilas Cibaeñas. En fin, era un entorno en el que había mucho movimiento y constante circulación de personas para la época.

Nuestro ambiente familiar fue único, porque en la mesa siempre había oportunidades de charlar y conversar en la misma de todos los temas e historias de nuestro padre respecto al ­aspecto político, histórico, anécdotas familiares, y del acontecer deportivo. Esto permitía tertulias improvisadas que siempre se extendían hacia la hora del café de los adultos o de un buen dulce criollo. No quedaba nunca la visita de algún visitante amigo o familia, que llegaba de algún otro pueblo o de la ciudad capital o del extranjero, para quienes siempre había un plato de comida y se compartía todo ese acontecer mencionado en las conversaciones.

Esto indicado más arriba, era de lo que más disfrutaba porque nos permitía poner en práctica la imaginación que era algo mágico y sano.

Hoy, cerca de cumplir los 57 años, es cuando más valoramos todo lo vivido y de poder dar gracias porque quince años atrás, no hiciera realidad el atentado aquel. Porque si algo es preciado, es la misma vida y más cuando sabes valorarla.

Hoy preferimos aferrarnos a creer que siempre será mejor acoger a la idea de no perder la esperanza de que cada minuto valga y que cada día sea un regalo de Dios. No olvidando, que debemos vivir también como si cada día fuera el último, sin caer en el exceso. Demostrando el cariño, el amor, la comprensión y la tolerancia, a cada uno de nuestros seres queridos y todo el que tenemos en nuestro ámbito. No acumular distancias con aquellos que tenemos dentro del corazón y evitar que dimes y diretes, entorpezcan o eviten el acercamiento con quienes amas desde el alma.

Recordamos hoy, a días de nuestros 57 años, lo que dijo, Julio Verne: “Mientras el corazón late, mientras el cuerpo y alma siguen juntos, no puedo admitir que cualquier criatura dotada de voluntad tiene necesidad de perder la esperanza en la vida”.

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